domingo, 18 de diciembre de 2011

Paseando lento (borrador)

Desborde
(Escrito que se comenzó a escribir el 3 de Septiembre y nunca se finalizó. El dolor se fue con el accidente. Y Así comenzaba…)

Dolor que no se sabe de donde viene…
Desborde desarticulado, desprolijo, ahogado.
Saber que alguien se acerca, pero no saber si uno se encuentra listo…
Miedo.
------------------------------------------------------------------
Paseando lento (borrador)

Podría buscarse una explicación, una excusa, una sanación esporádica acerca del porqué suceden aquellas cosas que por nuestra racionalidad no son posibles de explicarse.
Podría buscarse ‘algo’ que hiciera más amable seguir el trayecto, volver al juego,  al ruedo. Podría utilizarse ‘algo’ para mitigar el dolor, la desesperación,  la falta de argumentos.
Pareciera que todo lo que sucede, todo lo que hacemos, o todo lo que llevan otros a cabo requiere de un argumento, una justificación para que tenga ‘sentido’.
¿Acaso es así 'siempre’ ? Que es "siempre" si no es la eternidad del valor del instante?
¿Acaso "todo" tiene validez a partir de una argumentación humana y racional?
¿Y si nuestra cognición no es tan abarcativa?
¿ Y si nuestra capacidad se nutre por ‘lo que sucede’ y no siempre por los ‘hilos invisibles’ que sostienen la escena por detrás?
Jardín Japonés, días antes. (Septiembre 2011)
A veces, interpretar los hilos invisibles nos da tranquilidad, nos saca dudas, y, sin culpa, nos dejan reposar en lo que acontece.
A veces, intentar reposar en los hilos invisibles puede ser una búsqueda eterna, infinita; tan eterna que nos obvia reposar en lo que se presenta y disfrutarlo con intensidad.
El disfrute intenso no siempre implica dejar de lado el proceso por el cual se llega a ese estado. Convencida estoy. Más bien creo y confío que la intensidad ‘real’ se presenta cuando los actos se entrelazan con la explicación del porqué se lleva a cabo o sucede algo. (Sino -y si así no lo fuera- el disfrute sería un disfrute vacío, laxo, sea lo que sea que nos inunda).
Después de mi ‘crash’, busqué razones, explicaciones, motivos…
Podrá haberlos. O si. O no. O tal vez.
Jodorowsky y yo (Septiembre 2011)
Concluí que al menos lo más enriquecedor y coherente era ver, evaluar, y saber, por donde iba hacía tiempo, y luego, darle sentido a lo que sucedía desde el enriquecimiento de mi experiencia.
Todo iba TAN rápido (Y tanto quería modificar).
Tantos pendientes que me ahogaban. Tantas actividades, dedicaciones que me reclamaban ayuda, tanta presencia que me pedía que estuviera allí.
Mi familiaridad, mi espiritualidad, mis amistades, mi profesionalismo, mis hobbies, mis gustos, mis deseos; toda mi intensidad de algún modo… 
~'ESPARCIDA'~

  • “A ordenarse! A priorizar lo que sabe que acontece!”
  • “Vaya a dedicarse de “a-una-por-vez”, aquello que sabe que tiene que ver con Ud., sus aportes, sus deseos, su felicidad, su paz”.
  • “No pierda de vista la importancia de expandirse y ser feliz (haciendo feliz a su entorno y siendo felíz Ud)”.
  • “No pierda el foco, no se distraiga, mire a su costado, ame a ese hombre como se merece, crie a ese hijo sin culpa, intensifique sus placeres artísticos al máximo, siga amando cada vez más, cueste lo que cueste”.
(SIC, Apuntes del Taller de Jodorowsky una semana antes...)


[16.09.2011:] CRASH...
Ahora, PASEO lento... ☀


Yo

lunes, 1 de agosto de 2011

Elegir


Hace mucho, muchísimo -desde que tengo consciencia, desde que comencé a mirar la vida con mis propios ojos, intentando reflexionar cuándo comienza mi mirada o el enfoque de otros- comenzó a resultar normal, perceptiblemente normal, todo aquello que desde el vamos intuimos que ES; siempre FUE; ha SIDO. 
Necesidad y curiosidad que entusiasma y ahoga. 
Develar 'lo que es'. 
No quedarse en la superficie. 
Validar el llano desde su autenticidad.
El velo de la ignorancia propia va cayendo, muy pero muy despacio, se desliza seductoramente y siempre me invita a querer ver más; elegir.
Elegir VER.
(Elegir la ‘píldora roja’. NO la otra).

Big Fish, Tim Burton, 2003
Tiempos que transcurrieron donde todo se daba por sentado, se aceptaba masticado, como venía, donde las circunstancias nos moldeaban, nos hacían, nos constituían.
Elegir parecía ser una opción de/para pocos: aquellos con altos recursos de todo tipo (informativos, económicos, espirituales, expansivos. Todavía no acierto si eso es real. Por lo pronto, intento compartir mis experiencias y enriquecerme con las ajenas. Pensar que sólo algunos tienen la posibilidad de ‘jugar libremente su juego’ sería egoísta, coartivo: amo el pensamiento y la introspección; y a partir de allí, construir una realidad más generosa).
Me precede una generación que -al menos en mi caso- sobre-estimó el esfuerzo ‘sufriente’ como bandera de todo logro posible y valedero.
Hoy me encuentro en otro camino: más aireado, más libre; donde el esfuerzo tiene sabor a delicia; como el sudor salado se saborea al caer en nuestros labios después de una suntuosa actividad física. (A veces cansa, pero no nos vence). 
La constancia y la continuidad tiene a veces el mismo gusto a eternidad que la intensidad de algunos instantes.
¿Acaso todo lo que me enfoca, todo aquello que me vuelve a mi eje es amable y cómodo?... No, claro que no. Pasé demasiado tiempo ubicada en otro/s paradigma/s, y en un principio cualquier cambio puede resultar molesto, ajeno: nos revelamos frente a lo evidente, nos sentimos avasallados, invadidos frente un discurso que trastoca nuestra actual y tibia comodidad.
Elegir nos desafía a abrir los ojos, el corazón, el alma -ánima-.
Ser valientes, jugar nuestro juego [y no el que nos viene dado por añadidura.]
Lo que nos hace ruido no siempre es confortable: es un nuevo aprendizaje.
Aprender a desaprehender. (Volver al aprendizaje intuitivo, primal).
Despojarse de la mayor cantidad de modelos/moldes posibles, volver al útero de la ‘aparente’ ignorancia, retomar nuestra capacidad de 'asombro' perdida, re-conectar con nuestro niña/o interior. 
Hacer foco en nuestros anhelos más básicos y genuinos, sin artilugios ni estrategias, y animarnos a escucharlos des-prejuiciados.
Y que todo se alinee y encarrile del modo más amoroso posible para salir más aireados. Llenos de oxígeno, respirar profunda e intensamente la vida. 
Aire, mucho más aire.
Intuir, reflexionar, sentir, pensar, accionar, expandir, y asumir los deseos más profundos. Volver a nuestro ser, a nuestra esencia, alinearnos hacia lo natural. 
A lo que somos y nunca dejamos de ser. 
Parte del todo. Ese todo que nos invita a ser creativos, multiplicarnos en todas nuestras facetas, y por ende, hacernos cargo de la responsabilidad de nuestra [la] existencia toda.
Las elecciones ahora son las que nos con-forman, sean las que sean: (no soy yo y mis circunstancias), más bien yo soy CON-“JUGANDO” las circunstancias, o más aún  [CO]CREANDO las circunstancias.
Suena estimulante, bello, arengador, menos predestinado, condicionado.
El destino ‘a secas’ entonces ya no tiene cara de malvado, tramposo, no nos hace concesiones; no nos propone transacciones. 
Es cómplice en la creación de vivencias, se amalgama con nuestra existencia, y somos nosotros quienes tomamos las riendas de lo que nos acontece y prevalece.
Habrá cuestiones en las cuales no podré –al menos y sólo aparentemente- tener ingerencia…
¿Acaso vale la pena poner énfasis en eso, o girar la mirada justamente en aquellas cosas que sí puedo accionar de manera consciente? Pre-siento que allí se logra aportar; sumar. Accionar, crear y elegir desde nuestro espacio-dimensión.
El desafío se vuelve atractivo justamente ahí: en el lugar mismo donde las opciones son las co-creadas con la realidad que me antecedió y la realidad que hoy transito.
Aire: construcción consciente de mi infinita y múltiple realidad a cada paso elegida. 

miércoles, 20 de julio de 2011

Hasta el codo

"El más fuerte de los débiles es el que no olvida su debilidad",
Jodorowsky.

Qué cautela hay que tener cuando nos encontramos frente a alguien herido. Qué despacio nos tienen que abordar cuando somos nosotros los que estamos lastimados. Como aquel que se accidenta, y debemos tomar todas las precauciones necesarias para que nuestro acercamiento no resulte más perjudicial que el daño que se infringió.

Abordar a otro que aún en su estado de vulnerabilidad nos suma y enaltece, es encontrarse con su sombra al desnudo; aquella que no es necesario escarbar para conocer, sino intentar que nos dejen pasar a ese escenario donde el dolor por momentos desdibuja, otras intensifica y a veces confunde los deseos, los empasta, no ayuda a ver bien. Y cuando hacemos el intento poco cuidado de abordar esa experiencia del otro, es probable que en primera instancia se nos niegue lo que percibimos como certero.
“Estoy bien”, respondemos/responden; como si lo que se huele tras haber adiestrado la intuición y los niveles perceptivos fueran alucinaciones que tienen que ver con nuestras fantasías o proyecciones.  
Es cierto que el dolor del otro nos resuena porque algo de nosotros nos moviliza y nos remite vaya a saber a qué situación; a dónde o a qué: una situación parecida, un dolor similar, algún momento análogo, mismas energías en baja frecuencia…
Aún así, lo que le pasa al otro desde mi mirada ES. Además de remitirme inevitablemente a una realidad propia, el otro me transmite una realidad que desde mi complejidad y siendo todos parte de lo múltiple y lo UNO, puede alinearse a lo que realmente sucede.
Hay que ponerse ‘finos’ a la hora de estar dispuestos a enfrentarnos con la sombra de los otros; hay que primero haber llegado al infierno de las nuestras para poder ver la oscuridad del otro sin espantarnos, pre-juzgar, ni juzgar.
Una preocupación, una situación traumática, una angustia, una situación que debemos solucionar, una decisión que espera resolución, un dolor que nos aqueja  a veces cezga, limita nuestro campo de acción. No nos permite ver que hay gente que está dispuesta a ayudarnos, quizás tan solo con su nivel de escucha.
Allí el ego aparece nuevamente, intentando reafirmar su ficticio reinado, limitando el accionar que podría liberarnos, expandiéndonos junto a seres que sólo tienen la intención de acercarse desde el amor consciente, dando una palabra de alivio, de contención, de aliento; ampliando el espectro que se presenta limitado debido a la visión que se coarta frente a aquello que nos aqueja.

Resulta a veces más fácil elegir el camino que nos lleva a coartar nuestros deseos. Aparenta tener menos costo, menos riesgo. Pero sale muy caro a largo plazo no escuchar al corazón.
Hay que ser muy valiente para hacerse cargo de lo que realmente se desea. Pronunciarlo. Enunciarlo. Resolverlo. Poner el cuerpo, la acción, la conciencia y la palabra en aquello que late.
Deseos de ser escuchado, comprendido, amado, deseos de recibir amor en estado puro, sin prejuicio. Qué difícil reconocer algo tan sencillo y noble de asumir…
. “Necesito tu ayuda”,
. "Te quiero junto a mí a pesar de todo lo que me sucede",
. “Me gustaría que me escuches”,
. “Quiero que me acompañes”,
. “Abrazame fuerte, por favor”,
.  “Deseo tu compañía”,
.  “Necesito tu silencio para poder soportar el mío”
¿Porque crecimos con esa idea de que pedir ayuda es molestar al otro; herirlo, lastimarlo?, ¿Por qué unirse e involucrarse y pedir apoyo pareciera que fuera visto como un acto egoísta de nuestra aparte?...
. “No te quiero preocupar”,
. “No quiero lastimarte,
. “No quiero que sufras por lo que me sucede”,
. “No quiero transmitirte mis problemas”
¿¡Acaso compartir experiencias no es enriquecerse mutuamente?!, ¿¡Dónde reside el acto egoísta en esa instancia?!

Love Power (Delta, Abril, 2009)
El ego siente que puede autoabastecerse, entonces decimos que ‘nos-la-podemos arreglar-solos’; que con eso que nos pasa, ‘podemos lidiar’ solitos.
No niego que ciertas circunstancias –y seguramente casi todas- requieren de introspección, y de algún modo cierta aislación para aquietarse; decantar. Lograr meditar nuestro posterior accionar frente a lo que se nos plantea como preocupante.
Se me cruzan imágenes, esas situaciones en las cuales ya nos enfrentamos al problema; estamos frente a frente con él, y sólo queremos quedarnos con eso, sin que nadie interfiera en nuestro campo exploratorio-meditativo.
Como si la mirada externa pudiera opacar lo que ya está opaco.
Paradoja...
Suele suceder que la mirada externa aporta un matiz enriquecedor, aún cuando no siempre dé en la tecla. Si no sentimos que aporta hoy, seguramente aportará mañana. Cautelosamente me atrevo a afirmar que ciertas veces el primer mecanismo de autodefensa que llevamos a cabo es la negación frente a quien apreciamos, como ‘recurso-coraza’/‘protección-ficticia-del-otro’; que sólo permite sostener nuestro personaje de ‘autosuficientes’. Y así, nos alejamos cada vez más de los posibles aportes  que pueden llegar de quienes están alineados con uno [desde siempre], ampliar nuestra dimensión y volverla 'multi-dimensional'. 
Lo que no se habla en el momento preciso que transcurre la máxima intensidad, pierde euforia y capacidad de transmitirle al otro de la manera más genuina lo que nos está ocurriendo. No se trata siempre de compartir con otro desde el discurso ‘en llamas’, sino más bien desde el problema cuando alcanza su mayor profundidad. Cuando elegimos callar, jugar con el silencio como resolución de los problemas, nos perdemos el aporte del otro como potencial visión diversa y expandida. O bien, como simple y amorosa caricia hacia nuestro espíritu herido.

Tiempo de Gitanos (Emir Kusturica, 1988)
Un ser entregado a la comprensión, puede saber lo que necesita el otro.
Está ATENTO.
SE DA CUENTA.
Un ser entregado a la comprensión sabe que ofrecer ayuda no siempre será obtener un relato de lo que sucede: podemos encontrarnos también con los deseos del otro de que sólo escuchemos su respiro; sólo eso. Acompañar su reflexión, saber que debemos dar nuestra visión de lo que acontece sí y sólo sí el otro está abierto a recibir una mirada distinta en ese preciso instante, intervenir cuando captamos la señal adecuada, aportar algo de nuestro universo al suyo que se vislumbra confuso.
De hecho, más de una vez la indiferencia de quien sufre es el disfraz que toma la negación para ignorar al otro que se ofrece en apertura: justamente a ese otro que decimos no querer involucrar en ese/nuestro pequeño universo que se presenta brumoso.
Des-cubro que cuando algo hace ruido, molesta, perturba, NO podemos –o en el mejor de los casos, nos cuesta- sostenerle al otro la mirada. Como quien se evade y no quiere mostrarse porque los ojos hablan; puede de-velar que algo en el alma se encuentra un tanto en-negrecida. Se baja la mirada por momentos, el dolor perturba y sostenerla quizás nos haga romper en llanto, en ira; tal vez paralizarnos; entonces evadimos cualquier intercambio que resulte espejo, no queremos hablarlo ni si quiera corporalmente. (Y de nuevo, lograr respetar los tiempos de cada cual…).
Pero… cuando ese momento se atraviesa (pasa), y la preocupación se extiende y alarga; ¿Porqué no siempre elegimos utilizar los recursos a la mano, tomar ‘hasta el codo’ de quien se entrega a corazón abierto?, ¿Por qué elegimos encerrarnos en nosotros mismos creyendo que no siempre alguien estará dispuesto a comprendernos?

“What was in that candle's light

that opened and consumed me so quickly?


Come back, my friend.

The form of our Love is not a created form.


Nothing can help me but that beauty.

There was a dawn I remember

when my Soul heard something from your Soul


I drank water from your spring
and
 felt the current take me".

A veces nos juzgamos demasiado (no nos amamos lo suficiente, no nos creemos merecedores de…),  nos castigamos por demás.
Nos adelantamos, y al subestimar –restarle valor a- lo que nos sucede, subestimamos también al otro en su capacidad de comprensión/de comprendernos. Creemos que el otro (aquel que nos ofrece su compañía desinteresada) no podrá entender lo que nos mortifica.
. ¿Acaso no es un modo de subestimar a un par que está alineado?,
. ¿Acaso no es un modo de subestimarnos creer que el otro no podrá interpretar lo que tenemos para compartir?,
. ¿Acaso ‘NO exteriorizarlo no es el mejor modo de negar lo que nos pasa;  eligir finalmente que se enquiste lo que nos perturba, decir que se resolvió lo irresuelto?
Lo que no fluye, se encalla.

"(...) Nos vió dudar la luna nueva,

quemando miedos 
en las cenizas.

Nos vio girar como planetas,

tu pena, lejos, junto a la mía (...)"
(La huella de tu mirada, Drexler)
Hablo desde mi necesidad de mayor aprendizaje; hablo desde la necesidad de que en ciertas situaciones el otro perciba que estoy completamente dispuesta a escuchar lo que le acontece. Tengo la fea costumbre de interrumpir los relatos, -por una sencilla, ansiosa e injustificable necesidad expeditiva-; querer conocer al máximo los detalles de lo que me relatan para intentar dar mi punta de ‘vista’, del modo más enriquecedor posible.
Aportar desde mí no es dar una visión objetiva (¿Acaso eso existe?): no estoy preparada para afirmar que desde afuera se ve mejor: comparto más la intuición de que podemos aportar desde nuestra propia mirada. Estemos donde estemos ubicados. Sumar a la mirada del otro sin desterrar lo que siente y atraviesa.
‘Ponerse en el lugar del otro’ me resulta un acto titánico, cuasi imposible. Cada uno ocupa su metro cuadrado y desde allí construye mundo. Apuesto más a que el intercambio con un par sume desde la multiplicidad, y no desde el famoso ‘que haría yo si estuviera en tu lugar’. Eso me resulta ficticio por demás. Nadie puede ponerse en la piel del otro, nadie está en su cuerpo ni en sus tripas para saber el dolor o el conflicto que lo embarga. Más bien creo que la riqueza consiste en aportar desde nuestra individualidad y sumar a la totalidad que constituimos con el otro. Desde ahí percibo que se genera el enriquecimiento.

~Ich und Der anderer Bösewicht~
~Acrílico en Bastidor/Acrylic on Canvas. 90 x 60 cm./35 x 23 In.2011~
Hernan Battiato (www.hernanbattiato.com)
¿Acaso la visión que le compartimos puede resultar útil en todo momento? No lo sé. Quizás no aporte más que la posibilidad concreta de que el otro analice y re-vea lo propio, reafirmándolo como lo única resolución válida a su preocupación, o bien la certera posibilidad de darle una concreta vuelta de tuerca. Cambiar el rumbo, probar otra instancia resolutiva; quién sabe...
Las sombras pueden desdibujar los deseos o exaltarlos, intensificarlos u ocultarlos.
El foco se enfrenta a la oscuridad, ésta re-ubica los deseos y por momentos estos se opacan frente a tanta negrura.
Saber descifrar-nos. No mentirnos. Saber que allí están nuestras sombras para decirnos algo. Crear-nos el hábito de estar ‘despiertos’ para saber mirarlas de frente y escuchar lo que quieren escondernos y tienen para susurrarnos. Y una vez que nos atrevemos a escuchar, es momento de  intercambiar con aquellos seres que pueden aportarnos una palabra, un silencio, un abrazo, una mirada sostenida, una versión nueva de lo que nos atraviesa la piel e incomoda el espíritu (siempre y cuando el orgullo no nos nuble y nos juegue una mala pasada, interrumpiendo esta posible sinergia que se nos hace presente).


[¿Sabés que INTUYO tu preocupación?, ¿Sabés que estamos tan en sincronía que no es necesario que nos veamos ni que nos hablemos para que tu frecuencia vibracional llegue a mí y me haga saber que no estás bien, que algo te aqueja, que conmigo "no es la cosa", que algo te preocupa por demás y desde ahí nace tu distancia que pretende preservarme? ¿SABÉS QUE ESTOY y que no me asusta lo que te aqueja y tengas para contarme y compartir? ¿Sabés que es lo que realmente no vale la pena?... Elegir la distancia, evadir el deseo de sentirse acompañado y contenido].
Y acá estoy, ser querido queriendo ser. Dispuesta a escuchar lo que te aqueja, con la curiosidad del genuino interés. Desde el amor consciente, no hay pre-juicio ni planteos posibles. Si [mi] la elección es la entrega, la devolución que obtengamos –sea cual sea- no nos frena ni altera. No se tiñe de pre-conceptos aquella escucha que pregonamos estar dispuestos a brindar.
Por lo pronto, toma mi mano y llega hasta mi codo. 
Soy toda silencios, piel, palabras y oídos.


"(...) No hay dolor que duela más que el dolor del alma,
no se aleja así nomás,
cosas lo hacen aliviar,
pero no lo calman a quién querés engañar?
y así son las cosas, así es esta vida,
no me quiero conformar (...)"


viernes, 8 de julio de 2011

LOVE


Love is real, real is love.
Love is feeling, feeling love.
Love is wanting to be loved.

Love is touch, touch is love.
Love is reaching, reaching love.
Love is asking to be loved.

Love is you,
You and me,
Love is knowing
We can be.

Love is free, free is love.
Love is living, living love.
Love is needed to be loved.

Love, John Lennon (Plastic Ono Band, 1970).



sábado, 2 de julio de 2011

[A]Bruma

“La única razón para que el tiempo exista es para que no ocurra todo a la vez”, Einstein.

Dicen algunos que los tiempos se (nos) fugan.
Se escucha eso de “son los tiempos que corren”, pero no me conformo, ni me resigno. 
Por momentos abruma tanta cosa dando vueltas; tanta nada también. Como la nada misma o el todo sinsentido: dos posibles vistas o una misma mirada: la misma moneda y sus dos caras.
Abruma: la bruma puede hacerte ver que hay algo más, o podes dejar cegarte; elegir no ver. Cada uno elije. La usas para recalcular, o te dejas acosar sin siquiera querer sentirte seducido.
Es más fácil seguir en la comodidad de la vorágine.
(Nos) Anestesia, alivia. 
El alivio que adormece sin trascender.
Trascender pide enfocarnos en el camino sin medir o buscar el resultado, pero en tiempos exitistas, ¿a quién le importa sólo el camino?
Y acá andamos los caminantes, recorriendo nuestras propias órbitas.
Brindo espejamientos y recibo reflejos. 
Y acá andamos: múltiple, infinita y una. Me defino y unifico en la diversidad de mis intereses, pasiones, responsabilidades y deseos. 
Descubro en cada ‘ahora’ que el tiempo es una construcción mental, que más de una vez me queda corto y otras veces desperdicio.
Cuando la creatividad, la curiosidad y la necesidad de aprendizaje y enriquecimiento forman parte de uno como prolegómeno de lo posible y concreto para ofrecer-me y ofrecer a los demás, ese caudal se presenta como inabarcable; y hasta a veces esa imagen puede ahogarnos; superarnos, desbordarnos.


Tiempos de revelaciones, verdades, ilusiones, ensoñaciones: llena de acciones, sueños e ideas. Ordenarlos, desarrollarlos, llevarlos a tierra y que no permanezcan en el éter es el gran desafío.
Distinguir qué es aquello que vale nuestras energías, qué vale nuestra entrega y qué vale descartar para que otro tome la posta: ser generoso hacia nuestras capacidades y límites. Abrazar y accionar.
Los trabajos que nos ayudan a vivir, los desarrollos que además de aportarnos dividendos también nos aportan placer interno, ocuparnos de nuestro cuerpo, prestar atención a nuestros vínculos, enriquecerlos, mejorarlos: dar amor escuchando lo que necesitamos, dar amor escuchando lo que necesitan los demás, dar amor expandiéndonos en todos los planos posibles y abarcables.
Y entre tanta satisfacción, a veces me vuelvo ‘bruma’: mis facetas no siempre se conjugan del modo más amable para mí, y mi ego se presenta y me exige respuestas inmediatas, que recepciono volviéndome funcional a sus caprichos. Y me agoto.
Y cada vez menos, pero a veces, colapso. 
Entonces, surge la necesidad -humana tan humana- de anclar aún más y tomar respiro; grandes bocanadas: en seres queridos, espacios naturales, relaciones alineadas, vínculos sintónicos. 
Volvernos  silencio para no escuchar tanto zumbido propio y ajeno.

Mecanismos de autodefensa para seguir en la vorágine sin perder el eje, aquel que me convierte en la mujer integral que deseo e intuyo me plenifica:
- mujer que escucha e intenta estar atenta a su entorno.
- ma que enriquece y pretende enriquecer a ese pequeño ser que requiere contención, amor y límites.
- amiga que ama sus amigos
- Ser vasija y entrega: contener, aportar y llenarme de vivencias para enriquecer mi pequeño mundo interno. Y el del otro. 
- Reír, llorar y compartir a consciencia.
- Amante de la entrega que elige la entrega. La posibilidad de espejarse desde la intimidad y al autenticidad; y ahí mismo y sin más, el tiempo no existe, se detiene; puro presente.
- disfrutar lo simple, y ver para donde rumbean las vivencias: todas.
- correr cerca del río, andar en bici, meditar, reconectar-me,
- ocuparme de mi trabajo de manera constante y responsable pero sin que me drene,
- intentar no dejar demasiados pendientes al finalizar el día,
- no descuidar mi pasión por el arte (celebrar, escribir, fotografiar, danzar-bailar, flamenquear, producir,  compartir.
-  trabajar para filmar mi primer guión, y dirigir una puesta de danza-teatro,
-  intentar concretar algunos deseos a largo plazo: viajar cada vez más, una motorhome alguna vez, unas tierras que sé me esperan, los colores, la música, la danza, la naturaleza, o lo que el viento finalmente elija.
- Tantos etcéteras.

Preguntarme si al menos la mayor parte de las cuestiones que hago y siento me acercan o alejan de lo que realmente deseo, o del lugar en donde quiera estar mañana-hoy. Que la cabeza vuele, mientras los pies estén en la tierra.
No adormecerme: no poner de manera constante el ‘piloto automático’.
No perder frescura, espontaneidad, intuición. Encontrar el balance.
Que la (mi) bruma no me pierda. No caer en su trampa. O jugar su juego y salir más clara.
Escucharme, sentidos bien abiertos, ponerme fina de manera natural, ‘aniñarme’ cada vez más, atender a lo sutil, a lo mundano y a lo que venga.

Que el humor nos sostenga y jamás perderlo, sabiendo que si se elije no hay chance de decepcionarse frente a lo que acontece. (Porque hasta lo que no esperamos, sucede porque algún hilo así lo quiso; así suceden las cosas, aunque se nos pasen infinitos detalles por alto).
No victimizarse, menos culparse si aparece cierta bruma: arremeter, arengar(se), y absorber experiencia. Sumar siempre: no hay posibilidad alguna de que todo no sea una “win-win situation”.
Cuando queremos ser partícipes de varias cosas, cuando la creatividad y las ideas plasmables nos desbordan, cuando nos reconocemos múltiples, habría al menos que hacer el esfuerzo y trabajar en el hábito de volvernos cual ‘rey de ajedrez’ (capaz de moverse para todos lados, pero de un paso a la vez).


No es necesario explicar incansablemente en qué camino andamos, no se necesita aclarar la seguridad con la que se pisa y se avanza  para reafirmarnos. Nuestra imagen es la mejor muestra de que algo y mucho se mueve de manera interna; ebulle (aunque por momentos el crecimiento pareciera que nos abrume).
No hay falsa humildad posible, sino más bien comprobación real de que podemos confiar en el universo y sus redes sutiles. 
Los seres en sincronía aparecen por arte de magia, sin explicación racional alguna, ayudándonos a alivianar el ritmo; todo pareciera producto de nuestra capacidad de soltar, abrazar y permitir que lo que es, se manifieste como tenga que.
Entrar en otros espacios cognitivos no es intelectualizar-se, o teorizar. Es lo contrario, fluir: barazar el devenir sin resistirse. 
Confiar en lo que acontece. 
Reírse, desestructurarse y de pronto encontrar nuevos paradigmas posibles, manteniendo la estabilidad y los valores que nos sostienen y nos hacen íntegros a la hora de vivirlos, hacerlos carne, y llevarlos a la práctica. 
Hay luz, sombras y corazón. 
Hay -casi- todo.

Me gusta lo estable y no es contradicción. Creo en la estabilidad de lo pendular: Lo estable y armónico que solo puede surgir de hacer zoom in-zoom out, para mantener la visión expandida, versiones posibles de lo que sucede, y volver para aportar con lo que se logra ver desde la toma de distancia.
Y sí, a veces, tanto pero tanto, abruma. Pero es realmente excitante y divertido. No hay chance posible para el  aburrimiento cuando los lenguajes se multiplican de manera infinita. Lo fantástico reside en estar atento a lo que sucede, lo que vuelve todo tan pero tan INTENSO. Se destierra de a apoco la bruma, dando paso al placer continuo de estar acá, sin más. Ahora.

martes, 31 de mayo de 2011

El relato de-velado


Paloma entró a ese espacio convertida en agua. Mario sólo se dió cuenta porque ella tenía los ojos achinadísimos, mucho más que de costumbre. Tenía sutilmente esa forma de ojos pero esta vez era tanta la congestión que hasta se le dificultaba abrirlos… Le dolía tanto lo que había visto, hecho, pasado.
- “Qué pasó?”-, indagó Mario.
(El Viernes anterior a esa sesión, él le había descubierto una de las sonrisas más puras que había encontrado entre sus pacientes: ella no podía disimular nada; la alegría la emitía por los poros, por la boca, por la mirada).
- “Tomá”-. Le ofreció esa caja de pañuelos descartables que siempre tenía en su escritorio.
- “Sentate; ... ¿ o querés tener la sesión parada…?”-.
- “Mario: si me siento, me desarmo”-.
- “Ya lo estás. Dale, sentate”-.
Silencio. Largo silencio. La dejo llorar libremente, sin emitir palabra, mirándola con respeto pero sin invadir el espacio de fragilidad que ocupaba todo su cuerpo en ese instante. La liberó; le ofreció la posibilidad de que al menos en primera instancia, se comunicara de ese modo.
- “¿Qué te desplomó tanto?”-.
- “Mi estupidez Mario, mi estupidez”-.
- “Ah, entonces no es nada grave”-, bromeó él.
Mario solía desdramatizar, manejar las sesiones desde algunos rasgos del humor -hasta de cercanía- pero sin perder su rol de psicoanalista. Se acercaba al individuo que tenía en frente con paso firme, con contención, y con distancia. El equilibrio deseable para que cada cual pudiera encontrarse en algún segundo de aquellos cincuenta minutos que duraba la sesión.
Aún siendo un tanto ortodoxo, Paloma sentía que con él podía compartir ciertas visiones más amplias de la vida, más integrales. Espirituales si se quiere. Y si así no fuera, de todos modos él la escuchaba desde el lugar donde se llevaba a cabo el relato, y desde allí intervenir cuando fuera necesario.
- “¿Vos te acordás cómo estaba la semana pasada, no? Mario: necesito saber si fue una ilusión, o efectivamente estaba radiante de adentro y de afuera”-.
- “Claro que me acuerdo”-, afirmó él.
- “Bueno, ayer me mandé la cagada del siglo: Vos sabés; el contexto me confundió, me hizo temer, y dije –bah, ni dije- le pedí alejarme de él. Soy una idiota, perdí lo más lindo que me venía sucediendo en años”-.
- “¿Y porque 'te vino bien' creerte confundida?”-, sentenció él al preguntarle.
- “¡¿Me estás jodiendo?! ¿¡Cómo me va a venir 'bien' confundirme?!”-.
Por un instante, Paloma se perdió. El planteo era tan obvio, pero su angustia no la dejaba pensar en otra cosa que no fuese la imagen de ese amor relámpago, inesperado, sincrónico, certero, y tan verdadero como pocas veces había experimentado en su vida. Podría haberle contado muchos detalles más a Mario, pero ella los consideraba demasiado excéntricos para ese espacio pseudo-académico.
[Tiempo atrás, alguien le anunciaría -como quien predice un acontecimiento- que un hombre se presentaría en su vida con una intensidad fuera de lo común: un encuentro alineado, correspondido... –hasta le dió detalles de otras vidas que Paloma inconscientemente deseó olvidar. Pendulaba entre sentir que podía ser cierto y el temor conjugado con la incertidumbre de quien puede predestinarse si se deja llevar por un seductor y referencial relato-. Sólo bastó 'meter la pata' hasta el fondo de la historia que le relataba a Mario algunos segundos después para darse cuenta –y sin condicionamiento alguno- que aquel hombre con el que se había cruzado era del cual le habló aquella anciana.
La noche anterior a esa sesión con Mario, Paloma comenzó a hilar fino, relacionar cuestiones, y todo encajaba como un rompecabezas. Piel de gallina. Muchísima. Acertadamente o no, omitió, sin maldad alguna, contarle a aquel hombre aquellas cuestiones para –quizás- no ser tomada por una visionaria; ... o tal vez por desconocimiento a la reacción que él tendría frente a esas revelaciones].
- “Me equivoqué feo Mario; muy feo”-, asumió Paloma.
- “¿Qué fue lo que le dijiste?”-.
- “Ni siquiera lo dije; mandé un mensaje de texto, ¿vos podés creer? Impulsivo, temeroso y cobarde mensaje 'me mandé'…”-.
- “Ok, entonces, ¿qué le escribiste, qué 'te mandaste'?”-. 
(Mario no se lo dijo -porque decírselo hubiera sido condicionarla- pero sabía muy bien que a Paloma no le parecía un buen medio de comunicación el chat, los mensajes, y todo lo demás. Ella aceptaba la tecnología, la disfrutaba, le sacaba provecho, pero siempre elegía la mirada y la oralidad como conexión exploratoria para comenzar a transmitir algo importante).
- " ‘Me corro’ "-, eso le dije Mario… 
- "Que ‘me corro' [de esto; de la relación]"-, intentó reafirmar y explicar Paloma al momento que recordaba cada milésima de segundo de esa escena que la atormentaba.
- “Aha…, ‘te corres…”-, re-afirmó, y de-veló Mario.
- “Sí, clarísimo, ¿no te parece?... Soy una estúpida. Dije lo que no quería”-.
- “Dijiste lo que sentís Paloma, con él sos placer puro, orgasmo permanente, alegría infinita, éxtasis real, ….”-.
Paloma se congeló en pleno vuelo de sus reflexiones.
- “Escuchate, por favor. ¿Sabés que significa ‘me corro’ en ‘gallego’?”-. 
Y así fue como Mario abrió la caja de Pandora que Paloma no lograba y temía abrir sola. 
Se le heló la sangre.
Paloma repitió ‘me corro’ al menos diez veces mentalmente para lograr creer lo que se estaba escuchando decir.
Todo estaba más claro aún.
Todo seguía la misma explicación.
Hasta el idioma, el origen de la expresión, estaba en sincronía con sus sensaciones, y el modo que su inconsciente decidió decirlas tenía conexión directa y abismal con lo que aquella  excéntrica y sincera mujer de avanzada edad le había dicho pocos meses atrás.
Shock en estado puro. Latente. Vital.
Tanto éxtasis en aquel encuentro con ese ser, tanto ya conocido previamente sin saber de donde venía, … pero las fichas iban cayendo una a una; y lo que por un momento Paloma había sentido como un error de la palabra, finalmente era pura coherencia vibracional de cuerpos. Aunque mal-interpretado, ella pronunció placer.
Ahora restaba simplemente un nuevo encuentro con aquel hombre. Acompañarlo para que él pudiera VER lo que guardaban real e íntimamente aquellas palabras que, de tan inexplicables, en el pasado cercano sólo confundieron y distanciaron.