sábado, 21 de abril de 2012

Hamaca (rse)

Suele que los tardíos ocasos de verano son densos. Suele suceder que cuando lo espera a él se vuelve sutilmente liviana, aireada, suave.
Eligió esperarlo tranquila en el parque, escuchando Blues, del bueno. Eligió también abrir una de sus cervezas favoritas, bien helada: una botella completamente transpirada.
Decidió ubicarse en la hamaca de tela. La desenrolló y la dejó caer cual sábana extendida.
Imposible no comenzar a volar sin él. 
Hamaca (1)
Imposible lograr volar mejor que con su presencia. Pero se dejó llevar. No podía evitarlo. La música y una buena bebida siempre la hacían elevarse, relajarse, bajar su ansiedad, sin perder sensaciones.
Los estímulos la volvían aún más piel, no le hacían perder disfrute, al contrario. 
Le sublimaban y potenciaban al infinito cada uno de sus poros.
El timbre sonó y disimuló no haber ido a la puerta corriendo. Su agitación la ponía en evidencia. Sus pasos habían sido enérgicos, cuasi-desenfrenados. Se besaron, pero mantuvieron más la mirada el uno en el otro. Él se encargo de mirarla de arriba-abajo, y eso la hizo desearlo aún más. 
El reflejo de sus ojos la excitaba como el olor de su cercana piel.
Terminaron llegando al pequeño parque. 
La buena música los esperaba, y una bebida fresca los hidrataba. 
Pero el deseo de hidratarse mutuamente superaba cualquier deseo.
Se sentó, y él eligió mirarla sentado en el pasto. Ella cruzó sus piernas en la hamaca de tela, y aún cubierta por su vestido, un bretel se le escapó de su hombro, dejando asomar su carnoso pecho que pedía ser besado.
Recostada con los ojos cerrados,
y con sus gráciles manos empezó a recorrer lentamente su cuerpo, frente a la mirada dulce y profunda y de él. 
Hamaca (2)
Comenzó a apretar su vestido, arrugando la tela estampada, volviéndola cada vez más caótica. Poco a poco iba descubriendo(se) esos pechos, mordiendo sus
tan apetecibles labios que pedían ser besados sin pronunciar palabra.
La luna bañaba caprichosamente su  piel en la oscuridad de la noche que de a poco asomaba. 
Transformaba las contorsiones de ese agitado cuerpo de mujer 
en un mágico y maravilloso juego de luces y sombras.
Y él como único y gran espectador.
Y él como su único observador disfrutándola.
Los latidos de ambos comenzaron a sentirse como caballos desbocados,
y sin entender lo que pasaba,
los únicos sonidos posibles de ser escuchados se volvieron sus mutuas respiraciones.
La deseaba tanto, viéndola jugar con su sexo ardiente y mojado…
Auto-hamacando(se)
Ella abrió sus piernas y sus jugos brillaron como finos ríos de plata
ante el resplandor de la luna; ríos que iban a morir a un mar que él imaginaba dulce y tormentoso, agitado por las olas de sus dedos que se hundían inquietos y desesperados, como buscando un tesoro perdido.
Y el tesoro fue encontrado.
Él la sintió sin tocarla aún. Lo supo cuando la escuchó gemir y jadear y retorcerse
con la desesperación de un condenado a muerte, mientras sus entrañas se aferraban con espasmos
a ese improvisado barco que ella hizo naufragar en sus propias profundidades, socavando los confines de su ser.
Y después de la tormenta edénica, llegó la calma.
Las olas se aquietaron y devolvieron los despojos de ella a esa imaginada playa.
Y él decidió recibirla luego de su orgasmo en soledad, acercándose, y dándole la bienvenida. Abarcándola con besos y caricias mojadas.
Pocos segundos después, el barco volvió a entrar en altamar.
Esta vez, rozando juntos todas sus mutuas orillas.
Inspirado, imaginado y dedicado a vos.

jueves, 12 de abril de 2012

Himno a la Belleza

¿Bajas del hondo cielo o emerges del abismo, Belleza? 
Tu mirada infernal y divina
Confusamente vierte crimen y beneficio,
Por lo que se podría al vino compararte.

Albergas en tus ojos al poniente y la aurora, 

Cual tarde huracanada exhalas tu perfume;
Son un filtro tus besos y un ánfora tu boca
Que hacen cobarde al héroe y al niño valeroso.

¿Del negro abismo emerges o bajas de los astros? 

Como un perro, el Destino sigue ciego tu falda,
Al azar vas sembrando el luto y la alegría
Y todo lo gobiernas sin responder de nada.

Caminas sobre muertos, Belleza, y de ellos ríes; 

El Horror, de tus joyas no es la menos hermosa
Y el Crimen, entre todas tus costosas preseas
Danza amorosamente sobre el vientre triunfal.

La aturdida falena vuela hasta ti, candela, 

Crepita, estalla y grita: ¡Bendigamos la llama!
El amante, jadeando sobre su bella amada
Semeja un moribundo que su tumba acaricia.

Que tú llegues del cielo o el infierno, ¿qué importa? 

Belleza, inmenso monstruo, pavoroso e ingenuo,
Si tu mirar, tu risa, tu pie, me abren las puertas
De un infinito que amo y nunca conocí.

Satánica o divina, ¿qué importa? 
Ángel, Sirena,  ¿qué importa? 
Si tú vuelves -hada de ojos raso,
Resplandor, ritmo, aroma, ¡oh mi señora única!
Menos odioso el mundo, 
más ligero el instante. 
Charles Baudelaire.


 Hymne a la Beautè