martes, 15 de mayo de 2012

Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.

Julio Cortázar.
Julio Cortázar y Carol Dunlop

viernes, 11 de mayo de 2012

La pequeña muerte

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje,
  A lo más alto de su vuelo.
En lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, 
Voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, 
Lo que pensándolo bien nada tiene de raro, 
Porque nacer es una alegría que duele. 
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, 
Que rompiéndonos nos junta,
Y perdiéndonos nos encuentra, 
Y acabándonos nos empieza. 
Pequeña muerte, la llaman;
pero grande, muy grande ha de ser, 
Si matándonos nos nace.

El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano.

viernes, 4 de mayo de 2012

Huellas del alma (signos)

"El que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada". Cabral.

"Un día me encontré,
(...) un ángel (...),
le dije: 'Te esperé la vida entera',
[y no me creyó casi nada],
(...) y es todo por ahora,
ya no tengo tanto por decir". NTVG.


‎'Voy a quedarme todo el tiempo que haga falta.
Esperé la causalidad de mi vida,

la más grande, y llegó.
Y eso que las he tenido de muchas clases.
Sí: podría contar mi vida uniendo causalidades…'
Los amantes del círculo Polar, J.Medem.
 Fue el vértigo de lo insospechado, lo sutilmente alineado, lo casi increíble de poder ser  experienciado. Tan bello, sincronizado, sentido, emocionado. Piel y alma; signos multidimensionales que se hicieron acto y carne: presentes y atemporales. 
Mezcla de éxtasis y miedo se con-jugaron vertiginosamente (y el contexto cuasi-inusual se encargó de armar el cocktail): el miedo hizo su aparición frugal junto a la duda, ésta empujó al éxtasis, lo aterró y en un segundo se dijo lo que no se sentía. 
Trampa: el miedo le hizo trampa, pisó el palito (pequeño e insignificante) y  todo quedó desamparado frente al error. Culposo error que hirió: tan alejado de lo certeramente intuido, de lo real y trascendental; de lo que acontece; aquello que permitimos que prevalezca.
Se paralizó la fluidez de lo evidente. Error humano frente a lo abismal.
Lo normal, lo extra-sensorial se presenta en la mirada, el otro es espejo, reflejo, imposible de tapar. La resonancia es tal que sólo la negación consciente puede ocultar lo que se des-cubre.
La desesperación de lo aparentemente desconocido hizo estragos inmediatos y racionales. Cada paso sutil se utilizó -(ir)racionalmente y sólo por un instante- como motivo válido para des-alinearse (como si eso fuera posible). Gran confusión que alejó. (Pero lo alineado prevalece; no se puede ocultar el sol con la mano).
Y cual ‘efecto dominó’, ‘manotazo de ahogado’; frente al chispazo de consciencia en pleno despertar, la desesperación se aceleró, y una seguidilla de inoportunas palabras se  desenvolvieron caóticas.
Demasiado de golpe, muy brusco para el otro ser que no atravesaba a la par ese instante fugaz;  torbellino de certezas.
Los momentos de cada cual: de eso se trata. Saber que se está frente a un ser que también transita el interés por el despertar de la conciencia pero que no necesariamente maneja los mismos tiempos internos. Aún así, los sentimientos inexplicables se consideraron cachetadas: válido; claro que sí: se asume la responsabilidad de haber confundido-herido al otro frente a nuestra catarata de inoportunas acciones.
[Planteos? Reproches? No, imposible]. No hay espacio para reprochar lo que se esperó, aquello que se espera y se brinda desde el alma [hoy más sutil que nunca], lo que esta dado como sublime de antemano; incluso antes de haberlo percibido. Sí que se pide disculpas por no haber respetado el proceso de cada cual: nobleza obliga. La nobleza reconoce haber tapado tanta belleza con confusión, la confusión de estar frente a lo sublime in-imaginado; se comprende, se espera en silencio, respeto y sin cuestionamiento alguno. Entrega, fortaleza y sensibilidad llena de imágenes.
El otro no pudo asimilar rapidamente alguna de las redes invisibles que se fueron conectando/presentificando, apareciendo: informaciones azarosas que recibimos tres meses atrás (y que en su momento no comprendimos) y cobran ahora sentido empírico, datos que revelan y encaminarían hacia lo maravilloso del insospechado acontecer (y que en aquel entonces no logramos vislumbrar el valor concreto y la dimensión real de lo venidero).
Signos, huellas del alma que se manifiestan de manera tan clara y precisa, y que al ver algunas de golpe -en un abrir y cerrar de ojos- hizo que la confusión se adueñara de la humanidad que nos encarna en este cuerpo.
Soy cuerpo. Soy alma. Alma con gran memoria –inconsciente- y que por estos días sigue los pasos inertes que no hacen más que re-afirmar  el camino de la constatación. Ese mismo alma que se vio alineada con otro ser como nunca antes: gustos, proyecciones de vida, expectativas, causalidades ‘in-cre-í-ble-men-te’ fuertes, concretas, mundanas y de las otras.
Y frente a tanta información con-junta, se necesitó saber que esto no se trataba de una construcción meramente mental. Sentir la necesidad de saberse cuerdo. Porque hoy en día, frente a un mundo por momentos anestesiado, a la pasión o la sutileza se las llama locura.
Pero no: a no dejarse engañar. Saberse sutil no es locura. Sólo sucede que a veces es 'tan' fuerte lo que sucede, las sincronicidades muestran tantos signos que sólo pretendemos que alguien responsable y bien intencionado nos saque de la duda de lo que pasa. Sólo eso: necesitar que un otro lejano y objetivo nos explique, aunque sea imposible de entender de manera racional, que lo que se nos presenta no es producto de nuestra mente-imaginación, sino que hay un correlato implícito-real-suprasensorial que nos lleva a conectarnos con seres que nos acompañaron en otras atemporalidades.
Constatado. Demasiado constatado. Todo coincide. Tantas cuestiones por compartir acerca de esto, para que el vértigo continúe su cause de bienestar y que los datos que se vayan revelando cada vez más sean sólo anecdotarios de lo que ya se vivenció juntos de alguna extraña manera. Cual notas de color eternas: puro fluir para ver-se aún más sabiéndose infinitos y complementarios. Acompasar lo des-conocido, asombrarse y movilizarse mientras se crece y se despierta cada vez más.
Emocionarse como aquella vez, aquella primera vez de esta vida, donde los cuerpos y el alma -las piernas, las manos- temblaban emocionados sin saber que hacer. La atracción era tan fuerte; no se sabía de donde venía. O sí. Más tarde, se le dió paso a la intuición genuina y a una apertura sin límites ni pre-conceptos. Así es como el camino se vió/ve claro: luminoso.
Ahora bien, la experiencia no se convierte en válida porque algunas herramientas logran dar cuenta de la unión sublime. El mecanismo es diametralmente inverso: se vio, se ve, se sintió resonando en mente y espíritu , nos vimos 'en el' otro. Los datos que nos aportaron y cayeron  y siguen llegando sin posibilidad alguna de conocimiento previo son sólo una prueba más acerca de que lo que es, ES.
Lo que se siente no se fabula. Gloriosamente experimentado-probado.
Facticidad y trans-dimensionalidad.
Nada más fáctico que la piel. Nada más trascendentalmente dimensional que lo espiritual.
Porque después de todo, el tiempo es sólo una construcción mental que aflora y se hace patente cuando se necesita ordenar lo que llamamos realidad; el ahora.
Se atan cabos, se repasa información, profundidades, lo que se deposita en el otro de manera sincrónica y pareja sin siquiera hablarse -o formulando palabra-, gustos similares y estilos de vida que van tan alineados, vibrando en sintonía. Se comparten proyecciones y deseos; se sabe e interpreta con el lenguaje de la mirada. 
Los ojos como portal hacia el alma: esa misma que nos recuerda haber estado juntos en otros tiempos-vidas: compartiendo lo mismo que une y que resulta muy difícil des-unir (aunque un error haya trazado cierta distancia temporal).
Entonces las sorpresas encajan como un rompecabezas.
Las semanas previas, el torbellino de emociones estaba dando señales claras de que algo quería acercarse; estaba cerca la transversalidad que esperaba ser canalizada; materializada. Por esos días, semanas antes de que este encuentro mágico se sucediera, reinaban la rareza y la confusión. [¿Pero como saber que lo que acontecía eran signos del éxtasis y el bienestar de lo por-venir?].
Y luego, pasó lo que un ingenuo impulso: aquellos recursos que se tenían 'a la mano' para des-decirse del malentendido (ese pedido de ayuda inconsciente, producto de tanta intensidad) fueron revoleados por la cabeza del otro aturdiéndolo más, confundiéndolo, y no aclarándolo; desestabilizando los momentos más felices posibles de ser vividos y acompasados. Posibles aún. Hoy y siempre. Como todo aquello que ES.
Se tenía/tiene tanta información interna que fue difícil para el otro asimilar semejante catarata de idas y venidas, de sentimientos encontrados y difíciles de ordenar en centésimas de segundos: se escupió un caos, y el otro se sintió agredido, imposibilitado de asimilar tanto cambio repentino.
Hay lineamientos y resonancias que no mienten, sólo las conocen quienes están en el juego; y no dejan lugar a dudas: huellas de abrazos, marcas de besos conocidos, cuerpos enlazados y encajados a medida. Mentes con deseos similares, pasados sincrónicos, varias cuestiones difíciles de comprender en nuestro denso plano de conciencia actual.
Difícil de negar lo que prevalece. Pieles en perfecta resonancia. Compañerismo y complicidad conscientemente elegida, alegremente atravesándose y queriendo expandirse de manera conjunta.
¿Cómo se oculta lo obvio?, ¿Qué artilugio utiliza la mente para no aterrarse frente a lo que desconoce? Simplemente se niega. Luego se despierta de la pesadilla que ella misma se produjo, y pide, por todos los medios y sin avergonzarse, que lo maravilloso no se disuelva.  Que todo continúe expandiéndose, sumando vetas, y que hasta los obstáculos y escalones que se presenten sean posibles momentos de crecimiento mutuo.
Aprender a no perder este tipo de oportunidades que sólo se dan contadas veces en esta y otras posibles vidas. Tener la certeza que lo que une seguirá uniendo, porque no depende sólo de voluntades, sino de pulsiones que se encuentran unidas desde antes, mucho antes. Y que un tropezón no es caída, y menos aún cuando el camino no ha sido todavía transitado, y desarrollado. Con lo cual, se puede tener certeza que semejante oportunidad no se pierde por un obstáculo equivocado y ficticio que aconteció  a causa de un miedo entendible al contexto en donde transcurren los hechos (infinitamente mas débil que todo lo que une y lo que se vislumbra como enriquecimiento continuo).
Somos espejo y subjetividad. Subjetividades re-encontradas, movilizadas por tanto en frecuencia, espontaneidad alineada de manera sorpresiva, piel de gallina. Impresiona, asusta, conmueve, fascina, supera, integra y trasciende.
Subjetividades somos, en resonancia, espejadas, de otros tiempos, y de este 'ahora'.
¿Cómo podría nombrarse la palabra amor sin que fuera visto como un impulso? Simplemente quien experimenta lo que sucede puede saber que eso que esta pasando es sublime, indescriptible. ¿Si se siente en el instante mismo el amor que se 'recuerda' vivido y posible?... Seguramente no, pero se tiene la certeza intuitiva de que eso es lo que sucede y sucederá: que hay más canales por los cuales podría entenderse, y que lo que se sintió en alguna atemporalidad, se hizo presente de modo tal que des-cubrió lo posible de vivenciarse y hasta donde poder llegar con el otro 'hoy'. Infinitud.
Amor como sentimiento desconocido y conocido a la vez; como protagonista de semejante torbellino. Y dispuesto a ser tomado y llevado hacia la incondicionalidad.
Intentar volver al punto cero/Uno: confianza y certeza, sin explicación alguna, las aguas se calman, se vuelve a lo que aún no se dio vía libre para que se explaye como en algún otro entonces: Hay (in)explicaciones de que el cauce sigue su curso; esperar encuentros para continuar de manera simple donde se lo dejó, como quien hace un stand-by, y  luego continua el flujo natural, donde lo que prima es la emoción de los cuerpos re-encontrándose, la interacción de las miradas, la creatividad en cada momento e instancia que se hace presente.
Tomar un poco de distancia para encauzar, volver a alinearse –si el miedo inocente y primordial desalineó-, que se vuelva a prestar atención, volverse aún más sutil compartiendo, escuchar los silencios, saber que al volver/regresar no se pretenderá explicación alguna, ni disculpas, ni nada más que seguir potenciándose, re-conociéndose. Todo se entenderá sencillamente al vibrar de nuevo.
Saber y hacer saber que se está aquí, en cuerpo y alma-espíritu, para continuar con los abrazos y más. Fue demasiado, todo tan movilizador que ni valdría la dicha perder más tiempo sin seguir disfrutándose. No tiene sentido perderse en enrosques, creer que desde aquí -desde este lugar- [se] (a)guarda (con) machaques o tristezas. De ningún modo. Sólo la plenitud se hace presente en los encuentros.
Lo mejor que puede pasar es hablar-se mutuamente a corazón abierto, dialogar de aquello que se des-cubrió y paralizó de tanta emoción, temblor de piernas, cuerpos y seres que se buscan sin saber desde donde nace o en donde reside la necesidad real de encontrarse y acompasar con el otro. Seguir tejiendo lazos, algunos explicables, otros quizás (in)entendibles, pero continuar en el camino de construir puentes-canal entre cuerpos-almas que se conocen y re-conocen.
Ciertas veces, las palabras son claras y reflejan. Otras confunden y no logran transmitir lo que se deseaba. Uno puede errar, ¿porqué no? ¿Quién esta fuera de eso? Aún así, saber que se puede encontrar en el otro alguien con el abrazo expandido, preparado para recibir y contener, y recibir lo mismo que se brinda. El que se comienza a despertar se flexibiliza, da espacio para el crecimiento.
En sincronía todo es bienestar, hasta las distancias físicas. Estar seguros que esta lejanía atemporal es sólo un recurso para tomar impulso y evaluar las mariposas en la panza que nos produjimos por no dejar de pensarnos mutuamente.
¿Acaso se intenta desvalorizar un error; justificarse sin más? De ningún modo. Se comprende que algunas actualizaciones o revelaciones que suceden son muy fugaces cuando nos ocurren a nosotros, y perdemos el faro, creyendo que el otro sabe de lo que hablamos: creer que el otro entenderá que sólo se necesitaba contención frente a tanto impacto para seguir en la senda del éxtasis que se hizo presencia. Fue el modo más equivocado de pedir ayuda, acompañamiento en aquello que se hizo patente.
No se trató de una confusión negativa; de esas que entristecen: sino más bien de una confusión con vibraciones positivas, posterior al vértigo que provocó la certeza de lo inconmensurable, lo tan sorprendente, que de tan conocido despistó, des-ubicó. Y saber, con el mismo calibre, que no volverá a suceder. Que no se duda más, que fue sólo el impacto inicial de la belleza que provocaron tantas resonancias.
Confianza en las aguas claras que sólo llegan cuando todo decanta. Cuando se hace un esfuerzo por ver la película entera, sin pre-juicios, miedo al ridículo. Porque sólo vale la dicha de la pasión, y sus resultados de bienestar posteriores.
Cuando el proceso de asimilación decante, cuando se sabe que la experiencia es más grande que los errores, cuando se ve que lo que se esta por ganar es la conciencia de transitar la atemporalidad con un otro espejado; caen las máscaras del enojo, los pruritos, los temores.
Al asumir la importancia de lo que se va des-cubriendo, se elige 'lidiar' con semejante experiencia expansiva: permanecer y seguir despertándose juntos es el gran desafío que sólo esta coloreado de positividades. Porque el juego se torna más fácil, se vislumbran los matices de lo que viene, y se lidia con lo bello del encuentro con un otro con quien se puede construir multidireccional, proyectar, y salir a flote en cada instancia, fortalecidos, enriqueciéndose mutuamente, sabiendo que el mayor impacto fue sorteado, y formó parte de una reacción espejada, frente a lo que se presumía inexplicable.
Y el cimbronazo se vuelve medio; ahora los cuerpos están –una vez más- a mano: igual que antes sincronizados, espejados, resueltos y ya liberados del primer impacto que les mostró piel conocida, piel-alma alineadas. Se agradece -después de todo- que haya sucedido. Reconfirma lo que se suponía de antemano, lo que se asoma y no se oculta. Lo que es. Gratitud frente a tanto.
La vibración y resonancia con otro nos permite mostrarnos sensibles, a corazón abierto, elegimos abrir nuestros brazos hacia quien se sintió por un momento avasallado; se lo espera aquí, en quietud, para expandir-lo en bienestar y goce de cuerpos-mente-espíritu. Se pre-conoce de manera intuitiva y perceptiva que el deseo que trasciende -y que la confusión a veces oculta y confunde- es mutuo. De eso se trata, de saber que el destino pone escalones hasta llegar a una plenitud con cierta estabilidad y posible de ser mantenida por seres nobles, sinceros y con capacidad de riesgo y entrega.
Sólo resta volver a unirse para seguir transitando el éxtasis de lo que siempre unió y sigue uniendo. Seguir de-velando lo (in)descifrable, para disfrutar, dejarse sorprender sin miedo y re-comenzar a complementarse -una vez más- en un abrazo desnudo.
"Son demasiadas causalidades y aprendí a no pasarlas por alto." (sic).
(Dedicado a Ud., que confirma con su aparición que lo inconmensurable existe).

"...Si me das a elegir,
me quedo contigo..."